Cuatro dominicanos que superaron la discriminación

jueves, octubre 7

Cambiaron el calor por el frío, el sancocho por la cazuela y el “sabor” de su gente, por la apacibilidad de la nuestra.
Son los hermanos Portorreal Peralta, cuatro niños provenientes de República Dominicana que llegaron hace un año al fin del mundo en busca de nuevas opciones de vida. En una casa en Río Seco viven junto a su madre, Rafaela, quien ya lleva tres años en la ciudad y está casada con un magallánico, Jorge Canto. Ella trabaja en “Ruta Norte”, un supermercado ubicado en el camino, mientras que él está cesante desde marzo.
Luis Wilfredo (14), Yesenia (12), Luis Rafael (9) y Amado (6), se llaman los hermanos. Son muy diferentes entre sí, el mayor no habla mucho, el menor es revoltoso y la niñita tiene una personalidad de aquellas. Cuentan que no les ha costado acostumbrarse a su nuevo estilo de vida, pero sí reconocen que ambas culturas son muy diferentes entre sí. Lo que más les costó fue aceptar el tipo de alimentación de los chilenos. “Allá se come mucho arroz, carne y porotos, incluso, para acompañar otros platos como lentejas”, cuenta Yesenia. Otra tradición que extraña es comer avichuelas con dulce, un plato típico de Semana Santa.
Lo demás, como el clima helado y la forma de ser claramente distinta a la dominicana, no ha sido impedimento para que estos niños disfruten su estadía en la ciudad y se sientan cada día más adaptados.
“Son buena onda”
Hablando como buena chilena, Yesenia confiesa que los magallánicos son “tranquilos, buena onda y amables”. Se ríe. Dice que “no son tan vivos como nosotros, son más apagados”, pero eso no le molesta.
Confiesa que al comienzo en la escuela los miraban raro, los molestaban y se burlaban de ellos, especialmente del menor, por ser más morenito. Pero con el tiempo, todos formaron su grupo de amigos y están bien integrados en la sala de clases.
“Tengo hartas amigas acá”, dice, confesando que, aunque extraña a sus otras amigas, por el momento no tiene ganas de volver y se proyecta en Punta Arenas.
Los demás hermanos no son tan expresivos, pero concuerdan en que ha sido una buena experiencia conocer otra cultura.
En la escuela
El director de la Escuela de Río Seco, Claudio Muñoz, contó la llegada de los hermanos. Dijo que cuando ingresaron al establecimiento llegaron tímidos, callados. Reconoce que un par de alumnos se burlaban de ellos, por la forma de hablar y por ser de otro país, pero que las cosas cambiaron y se comenzaron a integrar positivamente. La que más participa es Yesenia, que es locutora de la radio, recita y tiene promedio de notas 6,5. “A ella en lo que sea le va ir bien, tiene talento para todo”, aseguró el docente. “Acá me he superado más”, confesó ella, explicando que en República Dominicana no realizaba ningún tipo de actividad en el colegio, aunque siempre fue buena para estudiar.
El director también contó que el mayor, “Luigi”, como le dicen, fue abanderado en un desfile sosteniendo la bandera de la escuela. “El tiene porte, estampa”, señaló, contento de poder incluir a los hermanos Portorreal en las instancias académicas.
El próximo año los dos mayores pasan a primero medio y deberán dejar la escuela. Luigi quiere ir al Liceo Industrial o al Instituto Don Bosco y Yesenia al Politécnico, comenzando una nueva experiencia como tantas que han vivido.

por:Liliana Alvarado
lalvarado@laprensaaustral.cl
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