Los Petroglifos de Chacuey:Herencia indígena que se extingue.

sábado, agosto 15


por: sergio reyes ll
I.- ALBORES DE UN ARTE DE AYER.
Las tierras que hoy día pertenecen al Municipio de Partido, en la provincia Dajabón, están incluidas dentro de la vasta extensión del noroeste de la isla que al momento del descubrimiento de América, en 1492, formaba parte del cacicazgo de Marién, capitaneado por Guacanagarix. Allí se conservan valiosas muestras arqueológicas que nos legaron los olvidados habitantes de la isla de Quisqueya o Haití.

Tales exponentes constituyen pruebas irrefutables “de que en esta isla evolucionaron esos grupos étnicos en alto grado, hasta convertirla en el centro por excelencia de la más avanzada cultura antillana, que desde aquí parece haberse irradiado a las otras grandes islas vecinas“.
DE BOYRIE MOYA, Ing. Emile: ‘’Monumento Megalítico y Petroglifos de Chacuey, Rep. Dominicana’. 1955.

En el paraje de Sabana de Los Indios, en una zona conexa a la carretera que conduce de Este a Oeste hasta Santiago de la Cruz, a unos cuantos kilómetros de Partido, se encuentra un conjunto constituido por “un llano, una vertiente, un río, allí donde comienza la imponente cordillera (Central), con su primer diente horadando el horizonte, ... en la meseta del llano, -amplio anfiteatro al que circundan severos pinares en escalonadas cuestas y suaves colinas doradas por el sol- hay un vasto recinto pétreo, obra impresionante de una raza de ayer” (Boyrie Moya, Emile).

Este majestuoso conjunto estructural está formado por una gran plaza ceremonial en el centro del llano, en plena sabana, circunscrita por un camellón semi-elíptico. Una calzada doble, en relieve que comunica la plaza con el cercano Río Chacuey, y, finalmente, un numeroso conjunto de petroglifos en las moles rocosas de ambas márgenes del citado caudal, a unos 500 metros de la plaza. Y todo esto, dominado por el imponente Cerro Chacuey.

“ ... Coronando el anillo, sendos menhires de piedra guardan las entradas del recinto, como hieráticos centinelas ... y allí en lo hondo, junto al venero liquido, a pocos pasos del final de la calzada, ... las pulidas moles de acerados tonos, muestran al sol infinidad de bestezuelas, homúnculos y hasta escenas, que los indios grabaron con sus cinceles pétreos, en la dura superficie para inmortalizar su gesta: dioses buenos y dioses terribles, aquí un ave, allí un reptil, una zancuda que devora un cangrejo, caras redondas y cuerpos rectangulares, figurillas que parecen mover sus brazos y piernas lineales, ... y así, cientos de figuras de ingenuos trazos, -albores de arte-, ... ” (Boyrie Moya).

Dotado de una técnica que raya en la ingenuidad y el simplismo, el indígena grabó una inmensa cantidad de petroglifos, cuyas líneas diseñan figuras antropomorfas, zoomorfas y fitomorfas, en las que se aprecian motivos naturales y escenas de la vida diaria, con cierta tendencia hacia lo grotesco.

Con qué finalidad construyeron nuestros antepasados estos impresionantes antros, o, que clase de ceremonias o ritos acogieron este tipo de recinto? : “ ... Nada nos han dejado sobre este genero de recintos circulares los cronistas del descubrimiento y la conquista” (BM) apenas la curiosidad por descubrir los motivos de estos hombres que nacieron –y murieron- preservando celosamente su arquitectura de esperanza y de piedra.

Durante mucho tiempo, el área ocupada por este importante vestigio de la desaparecida raza taína se mantuvo oculto a los ojos del mundo, debido al tupido e impenetrable manto verde que cubrió la zona luego de la desaparición física de los componentes de las tribus indígenas que ocupaban estas latitudes, a causa del exterminio a que fueron sometidos por los conquistadores, al igual que en el resto de la isla. De tiempo en tiempo, una que otra peregrina mención en los textos de historia, complementada por el interés puesto en estos rastros arqueológicos por estudiosos y publicistas extranjeros de paso por la isla, -trabajando por cuenta propia o por encargo- constituyeron la tónica del poco valor que nuestros gobiernos daban a la cultura que nos legaron los antiguos pobladores. Leyendas de viejos, reforzadas por mitos ancestrales, daban cuenta de que, en la llanura del cerro, en las noches de luna, una inmensa multitud de fantasmales figuras celebraba grandiosas festividades, al son de cantos, maracas y atabales, durante prolongados espacios de tiempo, al influjo de impresionantes trances que les hacían danzar, henchidos de frenesí. Concluidos los ritos, se dirigían en tropel hasta el cercano río para recibir, en la unción de sus impetuosas aguas, el bautismo sagrado y recuperar así las agotadas energías.

En los agricultores de la zona, cuyos conucos colindaban con el área del vasto recinto monumental, así como en los integrantes de los contingentes revolucionarios que en innumerables ocasiones hicieron de esta zona su centro de operaciones guerrilleras, descansó durante mucho tiempo el secreto de las piedras de los indios y las caritas grabadas en las rocas de las márgenes del río. Eventuales referencias a la aparición de tiestos, trozos de utensilios y muñecos de piedra conteniendo complicados grabados, mientras se preparaban los terrenos para el cultivo agrícola, aumentaron la convicción de que había que profundizar en las investigaciones sobre estos restos culturales, para darlos a conocer en toda su magnitud al país y al mundo.

El rescate y valorización de la plaza monumental y los petroglifos de Chacuey, así como la investigación científica de todo el conjunto y la exposición de una serie de hipótesis sobre el significado de cada uno de los grabados descubiertos y la posible función y utilidad de la plaza en si misma, empezó con la realización de una serie de expediciones científicas dirigidas por el eminente investigador y antropólogo Ing. Emile de Boyrie Moya, a partir de Febrero de 1948.

(Las investigaciones in situ se desarrollaron en Febrero de 1948, Noviembre de 1951 y Octubre de 1952).

En su calidad de Director del Instituto Dominicano de Investigaciones Antropológicas, adscrito a la Facultad de Filosofía de la Universidad de Santo Domingo (hoy UASD) –del que fue su primer Director-, encaminó el desentrañamiento del vasto tesoro cultural taíno que subyacía casi a ras de la tierra, en la virgen y boscosa zona de Partido.

El equipo de colaboradores que acompañó al Ing. De Boyrie Moya en la expedición estuvo constituido por el Dr. René Herrera Fritot, Dr. Carlos González Nuñez, Dr. José María Cruxent (Venezolano), Luis A. Chanlatte Baik y Mario Suárez. Como ayudantes de los trabajos participaron los señores Miguel y Alejandro Rodríguez, Melanio y Juan José Jáquez, Jaime García y Quirino de la Rosa, residentes en la comunidad.

Del valioso aporte hecho al país por este eminente investigador y su equipo, así como por otros arqueólogos y científicos que han profundizado en la investigación del pasado histórico indígena, han quedado, en resumen, las siguientes conclusiones:

A.- La plaza circular y los litoglifos de Chacuey constituyen una prueba irrefutable de que en la región existieron durante un largo periodo, importantes asentamientos indígenas de numerosa población, puesto que la titánica labor que allí ha quedado patentizada no pudo ser llevada a cabo por un número reducido de personas.

B.- El hallazgo de numerosos fragmentos de alfarería taina (burenes, tiestos de cerámica, ollas, potizas y múltiples vasijas) dentro del cuerpo de las calzadas circulares, permiten atribuir la construcción de las grandes plazas ceremoniales de Chacuey y San Juan de la Maguana “al grupo cultural taíno, de origen arahuaco (Arawak) sudamericano, que poblaba la isla de Santo Domingo cuando la descubrió Colon”. BM

En las proximidades de San Juan de la Maguana, a unos 100 kilómetros al sureste de Chacuey, al otro lado de la Cordillera Central, existe una plaza cercada, circular, de vastas proporciones y gran parecido con el monumento megalítico de Chacuey. Se le conoce como ‘Corral de Los Indios’ y está constituído por una sola y amplia calzada circular, de piedras colocadas una junto a la otra, con la apariencia de un camino empedrado de 21 pies de ancho y 2,270 pies de circunferencia. No obstante, dada la apreciable distancia que prima entre ambos monumentos y la barrera natural que se interpone entre estos, no hay duda de que fueron construidos por hombres de distintas poblaciones y de jefaturas –cacicazgos- diferentes.

C.- Las figuras plasmadas en los menhires o monolitos columnares de la entrada a la plaza y el centro de ésta, dado su estilo y elaboración, están íntimamente relacionadas con los petroglifos del río.

El periodo Arahuaco cuenta entre sus características, la aparición de los amuletos y los primeros bateyes indígenas para el juego de la pelota. Los yacimientos indígenas de Partido y Fort Liberté (en Haití) y el residuario taíno de Los Almácigos, han sido clasificados como el núcleo principal de las expresiones arqueológicas Carrier y Mellac.

D.- Por su gran similitud con el Corral de los Indios de San Juan de la Maguana, “se establece ( ... ) un tipo definido de construcción ciclópea, con cánones arquitectónicos más o menos fijos, constituidos básicamente por una gran calzada pétrea circular, y una extensa calzada, de tramos rectilíneos, que desciende, orientada al oeste, hacia la poza de un río”.

-El río a que se refiere es el Arroyo Fondillo, afluente del Río San Juan-.

E.- El amplio espacio ocupado por el corral (unos 29,000 mts./2 y un perímetro de dos tercios de kilómetro) reafirman el criterio de que esta plaza fue concebida con fines ceremoniales y que guarda estrecha relación con el río y los petroglifos que le adornan.

Estudios más recientes –Agosto, 1979- basados en mediciones y observaciones astronómicas, plantean la hipótesis de que las celebraciones escenificadas en dicha plaza bien pudieron tener relación con ritos solares y, concomitantemente, al periodo para actividades agrícolas (siembra y cosecha de la yuca, P. Ej.) En ese tenor, se plantea que los petroglifos, en vez de símbolos fonéticos podrían ser ideogramas de las funciones o móviles de las celebraciones, y que estas son “incuestionablemente referidas a las influencias ejercidas por la divinidad solar, en el contexto de la vida animal-vegetal, como era concebida por los usuarios de Chacuey”. Castellanos, Reynaldo; ‘ La Plaza de Chacuey, un instrumento astronómico megalítico’. 1981: 31).

F.- Los vestigios de tiestos y fragmentos de carbón de fogones en el cuerpo de las calzadas, indica que las celebraciones desarrolladas en este escenario pudieron ser de considerable duración lo que conllevara la necesidad de “habitación humana probablemente temporera sobre los camellones circulares” BM.

-La variedad de estilos y calidad en los grabados, permite suponer que los petroglifos son el producto de sucesivas generaciones, asentadas en el lugar, pero las formas pertenecen al mismo horizonte cultural.

-Existen tres grupos de petroglifos: el de el Charco de Las Caritas, el de El Charco de Los Mellizos y, en las estribaciones primeras del Cerro de Chacuey, a 2 ½ kilómetros, aguas arriba del Charco de las Caritas.

G.- El hecho de la ausencia de mención de estos antros en las obras de los cronistas del descubrimiento, sugiere la presencia de celo y desconfianza desmesurada de parte de los indígenas, lo que les hizo mantener, frente a los colonizadores, el secreto de la ubicación de estas plazas así como la finalidad o razón de ser de ellas.

H.- No se ha encontrado manifestación de contacto, transculturación o influencia de la cultura española en estos restos históricos taínos, lo que lleva a pensar que el lugar se despobló antes de que fuera tocado por la mano aviesa del conquistador.

( ... )

“Y ahora, al contemplar el cerro monumental, con su cresta azulada enmarcada de nubes blancas, altar gigantesco donde quizás creyó el indio que los dioses recibían el homenaje devoto de sus hijos, nos parece la imponente soledad de la llanura el símbolo del dolor de la raza desaparecida, que con tanto amor consagró la mayor parte de su vida al culto sobrenatural y lo divino” BM.



II.- SITUACION ACTUAL DEL COMPLEJO.-

En visitas realizadas en años recientes al recinto ceremonial de Chacuey hemos quedado llenos de estupor al comprobar las deplorables condiciones en que se encuentra en la actualidad: La plaza como tal no existe, dado que en la década de los 80’s, el perímetro que ocupaba fue atravesado de un extremo a otro debido a los trabajos de ampliación de la carretera, en una insólita acción de las autoridades gubernamentales de ese entonces que no respetaron los reclamos de la comunidad y las recomendaciones de peritos, ambientalistas y arqueólogos, quienes demandaban a una sola voz que fuese modificado el curso de la vía en cuestión, para preservar así la estructura original de esta importante reliquia histórica.

A esto se añade el hecho de que, el centro de la plaza monumental fue convertido por los lugareños en un play o campo deportivo para la práctica de béisbol. Para colmo, el terreno fue allanado con ayuda de tractores, a fin de facilitar la realización de la citada disciplina deportiva, removiendo de su lugar centenares de rocas y pedruscos que conformaban el recinto circular, con lo que se ha cometido un crimen arqueológico de niveles incalculables.

Esta repudiable acción, que bajo ningún concepto puede ser excusada con el alegato del fomento a las actividades deportivas, fue tomada por encima de la autoridad del Dr. Dato Pagán Perdomo, ex Director del Museo del Hombre Dominicano, organismo oficial en el que descansa la misión de salvaguarda y difusión del tesoro cultural patentizado en estos restos pétreos.

Dicho funcionario, fallecido en Mayo del año 2000, encaminó acciones tendentes a frenar la deplorable acción de depredación cultural e histórica, y a tal fin, se reunió en varias ocasiones con las autoridades, organismos y personas influyentes del municipio de Partido y comunidades aledañas, a fin de crear un movimiento de opinión que luchara por elevar los niveles de conciencia en la población, en pro de convertirlos en celosos vigilantes y defensores de este patrimonio, que no sólo es propiedad de la provincia y la Nación dominicana, sino de toda la humanidad.

En gran medida, los esfuerzos fueron infructuosos y en el presente se evidencia un estado de apatía e indolencia, que amenaza seriamente con hacer desaparecer por completo lo poco que queda de lo que una vez fue el recinto ceremonial taíno.

La impotencia y el desaliento son de tal magnitud que han contagiado a la humilde señora que eventualmente acompañaba -aportándoles sus sencillas y humildes explicaciones- a los escasos visitantes que se aventuraban a penetrar al recinto pétreo. También ella se cansó de clamar en el desierto y de enfrentar la indolencia y la incuria de la población.

A lo anterior se agrega el hecho de que con preocupante frecuencia, sectores ligados a la industria de la construcción incursionan furtivamente en las márgenes del río para extraer camionadas de arena y grava, lo que pone en virtual peligro de desaparecer a los petroglifos que se están grabados en las rocas y pedruscos de la ribera.

El aldabonazo final lo constituye la incuria y falta de conciencia de lugareños y visitantes del balneario de Chacuey, quienes someten a maltratos y alteraciones la estructura de los petroglifos, por medio de graffiti e incisiones en la superficie de las rocas, lo que podría provocar la desaparición física de lo poco que queda de este valioso tesoro cultural taíno.

El panorama no puede ser mas sombrío y desolador para aquellos que valoran en su justa dimensión el significado intrínseco de los remanentes culturales de la explotada y vilipendiada raza aborigen de la Isla Hispaniola. Hace falta la toma de medidas tendentes a crear un gran movimiento de opinión que involucre no sólo a las instituciones oficiales, sino también a las organizaciones culturales, inversionistas con vocación hacia el turismo histórico y ecológico, intelectuales, sectores progresistas y pueblo en general, a fin de preservar lo poco que aún queda y ponerlo al alcance del pueblo.



III.- PLAN DE RESCATE.-

El investigador Carlos Andújar Persinal (Director del Museo del Hombre Dominicano en el período 2000-2004) esbozó un plan operativo orquestado junto a organizaciones comunitarias, tendente a recuperar el área de la plaza ceremonial, para devolverle a ésta, por lo menos una parte de su esplendor original. Este plan de trabajo debe ser asumido por los incumbentes del organismo en la actualidad, a fin de darle continuidad o readecuarlo, según las necesidades.

Asimismo, de manera incipiente han comenzado a darse los primeros pasos de lo que podría ser una cruzada de rescate cultural y de promoción turística, haciendo hincapié en el aspecto de la preservación de la ecología y la difusión de los valores históricos representados en el conjunto arqueológico, todo ello encaminado por inversionistas oriundos de la región, prevalidos de las mejores intenciones y asesorados por instituciones y profesionales versados en la materia.

En ese contexto, es fundamental poner en marcha ejecutorias que contribuyan a dar a conocer a toda la colectividad los valiosos vestigios que forman parte del legado histórico taíno, haciendo hincapié en la importancia de integrar en el proyecto a los moradores de las comunidades vecinas al enclave arqueológico, como forma de convertirles en vigilantes y celosos defensores de estos restos pétreos, frente al vandalismo de posibles visitantes inconsecuentes.

La campaña de divulgación y concientización de la ciudadanía debe estar basamentada en la reproducción, por todos los medios posibles, de los grabados que constituyen el tesoro artístico de Chacuey, exposición de láminas, producción de afiches, edición de folletos y brochures; todo ello debidamente documentado en base a las fuentes autorizadas sobre la materia.

En el aspecto de la presencia física de personal técnico y de vigilancia en el área del recinto ceremonial y sectores circunvecinos, entendemos viable la propuesta externada por entidades ligadas al quehacer cultural, en el orden de motorizar la creación de un Centro de Información y Documentación interinstitucional, que sirva de guía a los visitantes, ofreciéndoles las informaciones apropiadas. Acorde a esta propuesta, dicho centro contaría con una estructura física ambientada con aspectos propios de la cultura aborigen y estaría dotada de instalaciones sanitarias y de parqueo, tienda de venta de artesanías y material impreso, área de refrigerios y para acampar, entre otras facilidades necesarias para el disfrute de los visitantes al lugar.

Una parte de dichas instalaciones debe servir como Museo o Sala de Exhibición de restos arqueológicos, procedentes de la propia zona y que se encuentran en la actualidad en manos de lugareños de la población de Los Indios y poblados vecinos, quienes podrían cederlos a manera de préstamo para su exhibición con fines educativos. Es recomendable proceder a efectuar el levantamiento o inventario de dichos restos, previa verificación de la autenticidad de las piezas.

El estudio y la elaboración de planos topográficos ejecutado en la zona por el Ing. De Boyrie Moya y sus acompañantes, y que ha sido revisado y confirmado por otros investigadores que les precedieron, permite tener una visión global del recinto ceremonial, independientemente de que su estructura haya sido cercenada parcialmente. En ese tenor, sería pertinente proceder con la construcción de una reproducción a escala del recinto, tal y como se ha hecho en situaciones parecidas en otros países; esto permitirá a los visitantes y público en general tener una idea aproximada de lo que fue esta importante plaza indígena.

Una gran parte de las rocas redondeadas, alargadas y aplanadas –según el caso- que constituían los cercos, calzadas o asientos -o similares a los monolitos verticales que marcaban los portales o entradas del recinto original-, se encuentran diseminadas en patios y conucos cercanos de la comunidad de Los Indios. Fruto del desconocimiento y humildad de los moradores, algunos de estos importantes restos pétreos cumplen funciones ornamentales o de definición de linderos entre parcelas y propiedades vecinas, lo cual constituye un ingrato e inapropiado uso, que desdice mucho de la veneración que las generaciones del presente deberían dar a estos significativos vestigios indígenas.

A su vez, el lecho del río y cañadas cercanas cuentan con una considerable cantidad de rocas de aluvión, de similares características que las que fueron usadas originalmente por los constructores taínos.

Por ende, con poco esfuerzo se puede lograr la recreación lo más exacta posible de una versión en pequeño del recinto ceremonial, que se ajuste a los fines educativos y de proyección de nuestras raíces, tal y como hemos señalado.

Las gráficas, planos y mapas de la zona, así como la descripción minuciosa de todo el complejo y sus componentes estructurales, artísticos y paisajísticos están disponibles en diversos textos publicados al respecto, para cuando empiece de lleno la gran tarea de rescate.

Con igual finalidad podría procederse con la instalación de una maqueta o diorama, similar a las que adornan las salas de exhibición del Museo del Hombre Dominicano, que permita recrear diferentes aspectos de la vida de un conglomerado o aldea taína y el uso que estos hacían de la Plaza Ceremonial.

Con el auspicio de la Casa de la Cultura de Dajabón, un grupo de activistas culturales de la comunidad de Los Indios ha estado gestando desde hace cierto tiempo la creación de un grupo de danzas folklóricas que ejecute representaciones al estilo de los Areítos escenificados por la raza aborigen taína. Entendemos que con el apoyo decidido a esta iniciativa y la asesoría adecuada de entidades como el Instituto Dominicano del Folklore –INDEFOLK-, podrían verse cristalizados, con resultados satisfactorios, los nobles esfuerzos de estos jóvenes valores de la localidad.

Finalmente, entendemos que como una forma de incentivar el turismo histórico-ecológico, al Municipio de Partido y a la provincia de Dajabón, en sentido general, le conviene acondicionar debidamente el Charco de Los Mellizos –uno de los puntos de concentración de petroglifos- y otros balnearios cercanos, a fin de estimular la asistencia de publico con fines didácticos y de recreación.

De igual forma se podrían establecer senderos de acceso y zonas de campamentos en los altos del Cerro Chacuey, que domina con su impresionante verdor toda la zona circundante al recinto ceremonial indígena.

La topografía de Partido ha dado pie al establecimiento de áreas para el desarrollo de deportes de velocidad en su variedad de ‘motocross’, ‘enduro’, ‘rallyes’, etc., lo que motiva la asistencia periódica de personas procedentes de diferentes lugares, atraídas, además por su clima fresco y sus agradables balnearios. Se hace necesario, por tanto, ofrecer a dichos visitantes y lugareños una imagen de pulcritud, organización y respeto por el entorno y la riqueza histórica de la zona a fin de que pueda ser imitada y respetada por éstos.

La puesta en vigor y sostenimiento de este ambicioso proyecto debe estar concebida como una labor de ejecución y colaboración interinstitucional, en la que tengan cabida todos aquellos interesados en el rescate de los aspectos más relevantes de la cultura heredada de nuestros ancestros. Por ende, no debemos dejar solos a las actuales autoridades y técnicos del Museo del Hombre Dominicano y demás entidades gubernamentales del quehacer cultural ni a las organizaciones de dicha rama a nivel provincial. Los antropólogos, historiadores, sociólogos, ecologistas, ambientalistas, periodistas, la UNESCO y demás organismos y personas interesadas en el rescate, valorización y preservación de nuestro pasado histórico, deben unirse en pro de esta gran jornada.

sergioreyII@hotmail.com
08/15/2009; 3:00 p.m. NYC

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