
La historia de Cuba tiene innumerables ejemplos de solidaridad y patriotismo, uno de los principales protagonistas de las gestas emancipadoras cubanas, el Generalísimo Máximo Gómez Báez es una de esas personalidades que, procedente de Bani, pequeño pueblo de República Dominicana, no escatimó sacrificio ni entrega a la causa liberadora de nuestra Isla.
Siendo comandante de las reservas del ejército dominicano, llega a la región oriental de nuestro país en 1865 y se radica con su familia en el caserío El Dátil, muy próximo a Bayamo. Aquí conoce de las penurias de los pobladores y los desmanes de los colonizadores españoles, uniéndose a la gesta por la independencia liderada por Céspedes y contribuyendo eficazmente a la preparación para el combate de las huestes mambisas.
Luego del fracaso de la Guerra del 68 y ocurrir el Pacto del Zanjón, Gómez regresa a Dominicana, pero sus ansias por la libertad de los cubanos se mantenía intacta. Conoce por José Martí de la decisión de continuidad de lucha, y firma junto al Apóstol el trascendental documento, conocido como el Manifiesto de Montecristi; desembarca junto a éste, por Playitas, el 11 de abril de 1895.
A partir de entonces se sucederían incontables batallas, en las que la estrategia, experiencia y pensamiento revolucionario de Gómez tendrían una repercusión extraordinaria. Son memorables sus acciones militares durante la invasión de Oriente a Occidente, el cruce de la Trocha Júcaro-Morón, el combate de Mal Tiempo, Calimete, la lanzadera en La Habana, La Reforma, entre muchos otros, fueron decisivos en el avance del Ejército Mambí y en la victoria definitiva contra España. Una frase que lo inmortalizó también por su lealtad y entrega fue: "Siempre estaré al lado de los cubanos y no aceptaré nada que no esté de acuerdo con mis sentimientos y las grandes aspiraciones de libertad e independencia de este gran pueblo".
El 17 de junio 1905 muere en La Habana este hijo y verdadero patriota de profunda estirpe internacionalista. Gran conmoción provocó en la ciudad y en todo el territorio, la muerte del Generalísimo, cuya velada se realizó en el Salón Rojo del entonces Palacio Presidencial. En gratitud a su obra por esta Patria, su cadáver se cubrió con las banderas de Cuba y de Dominicana, y el trayecto hasta el cementerio de Colón estuvo escoltado por flores, amigos y veteranos de la independencia.
Máximo Gómez, profundo internacionalista
miércoles, junio 17
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